Una segunda vida para tu viejo móvil

  • Los productos reacondicionados surgen como una opción más económica y ecológica a la hora de comprar tecnología.

Esta noticia viene de: El Diario Vasco.

‘Comprar, tirar, comprar’. Ese era el mantra que presidía el título del documental de Cosima Dannoritzer que en 2011 sacudió el mundo de la tecnología y otros tantos sectores comerciales. Esta cineasta puso en boca de muchos colectivos un término condenado al ostracismo hasta entonces: la obsolescencia programada. Este vocablo, básicamente, viene a decir que los fabricantes de dispositivos y servicios programan, de manera consciente, una fecha de ‘caducidad’ para sus productos.

En los últimos años un puñado de iniciativas han buscado cambiar el sentido y crear vías de consumo más responsable en la sociedad. La fundación Fennis ha creado un sello que distingue aquellas empresas que no cae en estas prácticas y en el mercado se multiplican opciones para alargar la vida útil de los aparatos de millones de usuarios en todo el mundo.

En medio de este debate surgió una nueva categoría de producto: los dispositivos reacondicionados. Aunque hay empresas del tamaño de Amazon trabajando con ellas, lo cierto es que es algo desconocido para el usuario. “Cuando accedes a su página, lo cierto es que no les dan mucha publicidad, están como escondidos”, comenta Alex Thomas, country manager de Back Market para España, una empresa que quiere hacer negocio en este sector.

Pero, ¿qué es un producto reacondicionado? En el caso de la tecnología, pueden ser teléfonos, wearables, tabletas u ordenadores, entre muchos otros, que han sido comprados a su anterior dueño y restaurados.

“No se trata de una plataforma de segunda mano”, insiste Thomas, que señala que una de las señas de identidad de estos nuevo mercado es que los terminales que se adquieren “tienen una garantía” que no se ofrece en otros casos. “Todo ello con un precio mucho menor”. En algunos casos se tratan de productos de fabricantes utilizados para exponer en tienda durante su promoción y otras veces estamos ante

“Hay que hacer pedagogía. Explicar bien las ventajas y transmitir seguridad a los usuarios. Si no conocen todos los detalles, no confiarán. Hay que ser transparentes”, asegura el directivo de esta empresa, creada en Francia hace dos años. “Desgraciadamente, hay muchos clientes que tienen excesiva facilidad para tirar o apartar un producto cuando empieza a fallar”, añade.

La idea de Back Market surge un sábado de marzo de 2014. Y lo hace en un supermercado de comida ecológica llamado Biocoop. Thibaud Hug de Larauze, Quentin Le Brouster y Vianney Vaute habían acudido hacer allí las compra. Entre los lineales del establecimiento se les ocurrió exportar ese espíritu a la venta de productos electrónicos. Meses después, su plataforma online cobraba vida y en menos de dos años ya comenzaba su proceso de internacionalización, que le ha llevado, de momento, a España y Alemania.

Por ahora, cuentan con cerca 40.000 productos, clasificados en cuatro categorías (smartphones, tabletas, alta tecnología y, cocina y hogar). Para poner a punto los productos que reciben, cuentan con una red de reparación que cuenta con más de 50 talleres. “Además de fijarnos que funcione bien, valoramos otros aspectos como el estado físico”.

Los tres fundadores comparten afición y pasión por los libros de Rifkin, promotor y defensor de la economía circular. Se trata, en resumen, de un nuevo modelo que defiende una economía con un sistema productivo más sostenible y un consumo más eficiente.

Y es que, además de fomentar un uso más responsable de los dispositivos y luchar contra la obsolescencia programa, los creadores de Back Market aseguran que su modelo de negocio puede ayudar a reducir la basura tecnológica, un asunto de difícil gestión.

“Muchas veces hay piezas altamente contaminantes que acaban en vertederos gigantescos en países del Tercer Mundo con el peligro para el medio ambiente y la salud que supone”, aseguran desde esta plataforma.

¿Qué guarda mi móvil en su interior?

“Los usuarios no terminan de conocer lo que tienen en el bolsillo y lo que genera una vez se deshacen de él”, opina Thomas. Un terminal móvil, según datos de Back Market, puede tener hasta un 50% de plástico, 15% de vidrio y un 25% compuesto de diversos metales, entre los que puede haber hasta unos pocos miligramos de oro.

En este último grupo también estaría el coltán, un ingrediente muy demandado y muy escaso muy extendido en el gremio de la tecnología. Este material, capaz de soportar cargas eléctricas elevadas, ha estado en el ojo del huracán tras un informe de Amnistía Internacional que denunciaba las condiciones de las minas de extracción, donde incluso se aseguraba que trabajaban menores de edad.

La pieza más contaminante sería la batería. No en vano, una única batería podría contaminar hasta 600.000 litros de agua. La cifra no es baladí ya, que según el Instituto Nacional de Estadística (INE) supone la cantidad que los españoles consumen en un solo día.

La lista de componentes peligrosos se extiende mucho más, ya que podemos encontrar en un smartphone roza los 40 elementos. Sustancias como el arsénico, el plomo, el berilio, el níquel o el zinc están presentes en nuestros dispositivos. Por no hablar de metales pesados plomo, cadmio o mercurio.

“Por esta razón, debemos cuidar mucho cómo y cuándo nos deshacemos de estos aparatos. Hay que calcular el daño que pueden causar”, concluye Thomas.

 

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